Recientemente ha cambiado el curso de la historia de la guitarra en nuestro país. Se trata de la adquisición  –por primera vez en la historia de España– de una Les Paul Standard Sunburst original a manos de un dueño local. Guitar Giraffe ha sido testigo desde la barrera de este acontecimiento... y algo más. Esta es la primera parte de esa historia.

A veces los tesoros de un país tienen detrás una historia fascinante. En algunos casos, va acompañada de episodios dolorosos, de envidias, herencias o disputas fraternales. En otros, de maravillosos golpes de suerte aparentemente acaecidos por la Providencia, los que todos los demás mortales catalogaríamos como “enorme potra”.

Pero el mundillo de las guitarras vintage en España se ha reservado otros episodios mucho más oscuros para sus escasos tesoros, casi como una tradición, y que llevamos con un extraño aire de orgullo y vergüenza a la vez.

Hablamos de esa Gibson de semicaja original “sesentera”, cuando la apertura de las importaciones hizo a algunos iluminados –pocos, poquísimos- entender que el mundo de la música moderna iba más allá de la bandurria e instrumentos de Manuel Rodríguez. Esa Gibson que, a pesar del hito de su presencia en tierra castiza, fue a los pocos años rebautizada por la Inquisición en Titanlux marrón para asemejarse al color imaginario de la guitarra de ese tal Mr. King que a veces aparecía en el recorte del periódico al terminar un cono de castañas asadas en la Plaza Mayor.

Otros ejemplos de la Grandeza de España –desvelados por uno de los pocos luthieres nacionales que merecen tal distinción sin comillas- implica a una maravillosa Serie L con un reacabado a rojo Ferrari adhoc y sin previa consulta con el cliente, con la misma voluntad que el bueno de Azarías abonaba con el fruto de su vientre las plantas que adornaban el porche de la señora marquesa: “como premio a tu larga espera, te la he dejado nuevecita, pintura nueva y todo”. 

Después de estos golosos Episodios Nacionales, supongo que temeríais si os dijese que ahora vienen las anécdotas sobre las Les Paul Standard Sunburst de ente 1958 y 1960, las conocidas ’burst, iconos mundiales del rock y artesanía moderna, que algunos sitúan como “los Stradivarius del s.XX”. Pero tranquilos, no han corrido la misma suerte que los de Patrimonio Nacional (cuyas palas rotas, si no se apellidan Pérez, Fernández, o Domínguez, andarán cerca). La realidad es que no han corrido suerte alguna, porque para eso primero han de existir.

No sé quién me dijo que la cultura musical contemporánea de un país puede medirse por el número de bursts que atesora. Si bien no es del todo cierto, ya que todos sabemos que el Plan Marshall trajo a Fender y Gibson en el pack, sí es inexplicable que nuestros vecinos galos hayan tenido un buen puñado a lo largo de los años. Pero en España, ninguna. Jamás.

Sí, admito que nuestro poder adquisitivo no será el de Francia, pero gente forrada hay en todas partes. En el Hifi español, sin ir más lejos, hay varias instalaciones de varios cientos de miles de euros. No nos confundamos: el problema son las prioridades. Stradivarius en España, los que queráis. ¿Pero una Les Paul? “Eso es para peludos y drogadictos”, frase real.

Pero 2017 es el año del cambio, el año del golpe en la mesa. Hace unos meses fui contactado por un buen cliente nacional, uno de los primeros desde que nació Guitar Giraffe, que me escribió para informarme que “había cometido una locura”:

­–¿De qué se trata?–pregunté–.
–Me he comprado una burst. Zurda–me contestó–. 

Claramente el 28 de diciembre se había adelantado. Sólo existen cuatro burst zurdas conocidas, y una pertenece al Beatle zocato. De ser cierto, estaríamos ante un momento histórico, de total expiación por nuestros pecados a base de Titanlux y Dremmel, y con la rotunda bendición al unísono de San Leo y San Lester.

–¿De verdad?­
–Sí­–me contestó–. Te la llevo en unos días.

Pronto descubrí que la historia era cierta. Pido perdón por haber dudado de un cliente tan sólido, pero pienso que es inevitable ante algo así. Los años que he estado expuesto a la herejía guitarril más cruel que os podríais imaginar no pasan en balde, y dejan una úlcera en el corazón que no sana jamás.

Recientemente una tienda americana de referencia había puesto un conocido burst zurdo a la venta, y misteriosamente había desaparecido de su portal. Debía ser esa. Tenía que serlo.

Tras ajustar todas mis cámaras y alinearlas en la mesa, listas para empezar a echar fuego, sonó el timbre. Ahí apareció su dueño –que lógicamente desea permanecer en el anonimato–, nuestro Prometeo nacional, cargando un estuche Lifton capaz de impregnar de majestuosidad borbónica al peor de los bárbaros, e incluso a mí.

Se adentró por el vestíbulo y colocó en el centro del showroom el sagrario marrón. Yo estaba convencido de que empezarían a cantar ángeles al abrirlo.

the spanish burst
Oh, Dios, ahí estaba, por fin.


Ahí estaba. Ni Joselito, ni Sánchez Carvajal: el jamón más hermoso que había visto jamás. Y zurdo. Porque no he mencionado que soy zurdo. Ahí estaba yo, un apestado en el mercado guitarril, condenado a diario a limitarme a meramente observar instrumentos hermosos que no puedo tocar. La vida es así. Tiene huevos que el primer burst de la historia de este país no sólo cae frente a mí, sino que es zurdo. Y ahí estaba yo, postrado ante el Santo Grial, hipnotizado por la energía que emanaba. Pero hay más. Por si fuera poco, nuestro héroe ­–como buen Prometeo, amigo de los mortales–, demostró ser digno merecido portador del Anillo.

–Bueno, venga, pruébala– le dije.
–Pero, ¿no quieres hacerlo tú?–le pregunté.
–Yo aún ni la he probado. Venga, dale tú.
–¿Seguro? ¡Entonces sería el primero en la historia de este país en tocar un ‘burst español!
–Eso parece–contestó.

Este gesto mariteresano aún me tiene hechizado. No sé si fue por lástima, desinterés, o generosidad samaritana. Probablemente una combinación de las tres. Sé que es un dato increíblemente fetiche e irrelevante para algunos, pero ahí está: el primer español en la historia de Hispania en tocar un burst con pasaporte 100% ibérico, servidor. Gracias, Prometeo.

the spanish burst
Los techos altos se quedaron pequeños para este monumento.


the spanish burst
El primer payo en enchufar un burst hispano. ¡Momento histórico! :)